La hermosa iniciativa con la que muchos visitaron el hermoso pueblo natal de Nina, sus hospitalarias gentes y un entorno de belleza descomunal, fue la mejor ofrenda que se le podía hacer.
Pasamos una extraordinaria jornada recordando su amor a la naturaleza, a su pueblo y a las formas en que ella disfrutaba de la vida.
El éxito de la marcha supero todas las expectativas de asistencia, hermanamiento, emotividad, buena comida y mucha diversión.
¡Menudas migas nos desayunamos!
Los que marcharon a pié recorrieron unos 12 km. sencillos, sin desniveles muy fuertes. Allí se juntaron niños y personas mayores, un rato a caballo otro montando en los quarts que les dejaban
¡TODO FUE IMPRESIONANTE!
Para los que se atrevieron con las bicis, se ganaron a pulso la paella y la caldereta; menudas cuestas tuvieron que afrontar, ellos tenían una ruta más larga y exigente, de unos 32 km.



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